Cuando se pasa de un gran esfuerzo a la rutina cotidiana, se puede caer en el estado que denota el título de esta página.
Un estado en el que nos sentimos cansados, agotados física y psicológicamente, sin ganas de hacer nada, débiles, incapaces incluso de hacer las tareas domésticas o de realizar el menor esfuerzo.
En este estado se puede caer tras una larga enfermedad, propia o ajena, después de años de peregrinar de trabajo en trabajo, tras periodos de gran preocupación, cuando nos ha sido imposible delegar en otros un trabajo agotador, e incluso cuando se ha vivido un proceso de transformación interior largo y doloroso. Y cuando, por fin, llega el momento en el que podemos tomarnos un periodo de descanso, estas personas están tan cansadas que siguen como si fueran máquinas.
Su cansancio, sin embargo, no se deriva del hecho de querer trabajar a toda costa, sino de una necesidad real de sus prestaciones: se trata de algo que deben hacer forzosamente y que no pueden delegar en nadie más. De este modo, se resignan y siguen trabajando, con más fuerza de voluntad que física. Hasta el día en que se desploman. En ese momento, incluso el menor esfuerzo les parece un obstáculo insuperable. En los niños, este estado puede darse en casos de enfermedades graves, cuando experimentan un gran malestar o durante una convalecencia.
Esta situación puede estar relacionada con varios trastornos porque, cuando nuestra vibración energética es muy escasa se manifiesta en un estado físico alterado y pueden producirse diversos malestares, algunos de bastante gravedad.
En resumen, las Flores de Bach nos ayudan a apelar a nuestras reservas interiores y a recuperar el contacto con la energía vital para seguir con nuestra tarea. Nos ayudan a reconocer que nuestras fuerzas no son ilimitadas y que, por lo tanto, sólo podemos esperar que las fuerzas cósmicas vengan a socorrernos. Dado que las Flores de Bach nos dan también la conciencia de nuestros límites, nos ayudan a dejarnos ir para encontrar el descanso merecido para poder seguir en nuestro empeño, así como a administrar de forma más racional nuestros recursos.