Muchas personas se han visto condicionado desde la niñez a ver sólo los aspectos negativos de las cosas, a creer que no van a lograrlo, a dudar.
Este complejo de inferioridad está siempre presente en la mente de la persona y le impide arrojarse con entusiasmo y optimismo en todo lo que hace. Sea lo que sea. Desde una cita amorosa a un nuevo trabajo, desde probar un nueva receta a ponerse una ropa demasiado llamativa. Así, se conforma con lo que tiene y no se le ocurre que podría conseguir lo que se propone.
Estas personas, además de cambiar difícilmente de trabajo, jamás pedirán un anticipo, y menos aún un aumento de sueldo, a pesar de ser trabajadores concienzudos y capaces.
En los casos más graves, llegan a escudarse incluso en una enfermedad antes que hacer algo que no desean hacer.
Los casos transitorios de desequilibrio pueden estar asociados a problemas objetivos que bloquean nuestra creatividad y seguridad. Así, nos atrincheramos detrás de un abstracto «no voy a ser capaz», «no estoy a la altura» o «los demás lo van a hacer mejor que yo».
Las Flores de Bach nos ayudan a tener total confianza en nuestras capacidades, a medirnos con los retos que nos plantea la vida cada día, conscientes de que son un instrumento esencial de crecimiento. Las Flores de Bach nos ayudan a hacer emerger nuestras virtudes, nos empujan a actuar para empezar lo que queremos hacer, a afrontar los obstáculos con la percepción profunda de que podemos expresarnos al máximo sin dejar de conocer nuestros límites.