Quien desde hace tiempo siempre lleva una vida previsible e inmutable, y se siente desconcertada, sin fuerzas y sin energía es presa fácil del agotamiento mental.
En realidad, el aburrimiento ha acabado por hacer que la monotonía cotidiana se vuelva, por lo difícil que resulta escapar a ella, insoportable. Se trata de un peso mental más que físico, que puede dejarse notar también en quien ha estudiado mucho para examinarse, o quien ha padecido una larga enfermedad y le cuesta volver a acostumbrarse al ritmo habitual, pues teme no estar aún listo para empezar de nuevo. Llevando una vida monótona, uno tiende a perder demasiadas energías, más por falta de estímulos que por agotamiento real, hasta acabar siendo víctima de una especie de autolimitación que impide acceder a nuevos valores o emprender nuevos caminos para el crecimiento personal. Desde el puntó de vista físico, pueden darse problemas en los ojos, como cansancio o quemazón, dolor de cabeza, sensación de pesadez y falta de fuerza, trastornos intestinales y renales, eritemas, urticaria y ciática.
Las Flores de Bach nos ayudan a recuperar la viveza de espíritu, la prontitud mental y el deseo de actuar. Nos permiten restablecer nuestro equilibrio psicofísico y emprender caminos distintos que puedan proporcionarnos ideas inesperadas o cambio de nuestra rutina diaria. Las Flores de Bach nos regalan la capacidad de superar el estrés, utilizando, si es necesario, las fuerzas que teníamos en reserva. Nos ayudan a recuperar la concentración, nos procura una sensación de paz y de tranquilidad, unido a la vitalidad que se deriva de la satisfacción por el trabajo bien hecho, logrando además superar el desequilibrio energético gracias a los nuevos estímulos recibidos.