A menudo, los shocks, aunque no sean muy importantes, dejan un bloqueo energético que, si no se supera, se transforma en un núcleo sobre el que se acumulan otras emociones, miedos y traumas que condicionan nuestro comportamiento.
Por consiguiente, nos podemos sentir tristes, infelices, desolados, torpes, se vuelve a estados pasados, se rechaza todo tipo de consuelo y, en el caso de traumas físicos, la curación puede verse retrasada.
La vida nos parece gris, apagada, y no ponemos entusiasmo en lo que hacemos.
Con frecuencia estamos expuestos a shocks, incluso banales, de los que no nos damos cuenta. Una especie de vibración distorsionada resuena en nuestro interior, aunque sea por un instante, y nos
provoca malestar. Esto nos ocurre a todos cada día. Basta un pequeño accidente doméstico, como un corte, una quemadura o un cardenal, o bien un shock emocional, como recibir un insulto por parte del conductor de un coche, un borracho que se mete con nosotros, una mala noticia o ciertas imágenes del telediario. Somos más sensibles de lo que nos creemos, aunque, afortunadamente, y por lo general, somos capaces de reelaborar y asimilar lo que nos ha provocado un estado de malestar.
De todos modos, en ciertas condiciones, cuando el trauma es mayor por razones tanto objetivas como subjetivas (la muerte de un ser querido), puede faltarnos la capacidad de acometer esta reelaboración.
De ello se deriva la dificultad de aceptación, en ocasiones incluso del mundo circundante, una sensación de renuncia y de desorientación que condicionan su personalidad y son terreno abonado para otros sentimientos como la angustia, el miedo y la apatía.
Desde el punto de vista físico, este estado puede provocar bloqueos en la espalda, sensación de torpeza en ciertas partes del cuerpo, tensión en la garganta y trastornos en la deglución.
Las Flores de Bach nos ayudan a recuperar el contacto con nuestro centro, a liberar las emociones congeladas, eliminando todo lo que no hemos logrado asimilar y que provoca una sensación de malestar, a veces profundo.
Nos permiten además redescubrir traumas pasados y sacarlos a la luz para aceptarlos y superarlos, recuperando por fin esa sensación de paz que se deriva de la conciencia de todo lo que nos ocurrió.
Las Flores de Bach nos preparan para asumir todo lo que durante tanto tiempo habíamos sido incapaces de ver y de comprender, y nos pone en condiciones de restablecer nuestra sensibilidad física y psíquica, aunque la hayamos perdido momentáneamente. Nos ayuda a recuperarnos a nosotros mismos y a orientarnos de nuevo en nuestro circuito interior, neutralizando los efectos de lo ocurrido y aprendiendo a reelaborar los hechos, con la experiencia consiguiente.