Hay quien sufre continuamente por el bienestar de los demás, sobre todo personas a las que está especialmente apegado, y se angustia porque les pueda suceder algo malo.
Tienden a expresarse excesivamente: así, aunque algo que podía ir mal ha acabado saliendo bien, tiende a enfatizar lo terrible que habría sido que las cosas hubiesen salido de otro modo; o vive la vida ajena con la misma intensidad que si fuera la suya; o exagera obligando a quienes tiene cerca a que telefonee, cada día cuando salen de viaje, o que vuelvan a cierta hora, a despecho de nuestro sueño, o teme que tras una enfermedad banal se oculte otra más grande e incurable.
Los padres tienden a proteger excesivamente a sus hijos, ya sea interesándose continuamente por ellos o bien preocupándose por un pequeño malestar o peligro, obligándoles a abrigarse demasiado en invierno o a ir en verano con camiseta, jersey, zapatos y sombrero.
Quien cae en este estado de ánimo sufre constantemente por el bienestar ajeno y piensa que los demás no se dan cuenta, con lo que acaba por provocar desequilibrios emotivos, a veces de carácter grave, en quienes le rodean. Es típico que no se ocupen en absoluto de su propio bienestar y no teman lo que les concierne, como si la simbiosis que les une a las otras personas fuera una razón de vida suficiente y los demás, una especie de prolongación de sí mismos. Esta situación puede ser especialmente dolorosa cuando la persona implicada en esta simbiosis trata de liberarse de ella para poder seguir su camino y crecer sola, como en el caso de un padre con su hijo o, peor aún, de marido y mujer. En los niños, puede apreciarse una ansiedad excesiva al llamar continuamente a su madre, o bien un exceso de fantasía negativa o la tendencia a la hiperprotección de los hermanos o los amigos.
Las Flores de Bach nos enseñan a activar nuestra capacidad de pensamiento positivo para intervenir operativamente en la relación con los demás y transmitirles nuestra ayuda espiritual, demostrándoles así interés y participación.
Nos ayudan a acceder a nuestras reservas interiores, para poder actuar con prontitud en caso de emergencia, demostrando tranquilidad, capacidad y seguridad. Por último, nos permiten comprender que lo que ocurre está relacionado con el destino individual de cada cual, y que es imposible ahuyentar de quienes amamos el dolor y el malestar, los cuales, por desgracia, nos afectan a todos.
Las Flores de Bach nos dan también una mayor conciencia en lo que nos afecta a nosotros mismos, y nos enseñan a ver los aspectos positivos de lo que pasa y a aceptar gozosamente todo lo que tiene de bueno nuestra vida y la de quienes queremos.