Estamos siempre dispuestos a luchar por la causa en la que creemos y cualquier injusticia nos resulta intolerable. Ponemos una gran intensidad en lo que hacemos, hasta el punto de acabar muy tensos e incluso irritables, sobre todo si las cosas no salen como quisiéramos.
A menudo, nos mostramos impulsivos, excesivamente celosos, nos creemos con el derecho de dar consejos a los demás sobre lo que podrían hacer por su bien o su crecimiento espiritual, nos implicamos en una idea hasta el fondo, aun al precio de volvernos o parecer unos fanáticos.
En estas personas hay siempre una gran tensión interior que les empuja hacia el idealismo, por lo que hablan demasiado y, al relacionarse con los demás, tratan de demostrar a toda costa que su idea es correcta. Valientes y dispuestos al sacrificio, estas personas suelen hablar muy rápido y dejan entrever su tensión incluso en los gestos, que pueden considerarse desmesurados.
Debido a su acentuado idealismo, tienden a invertir toda su energía hacia afuera, provocando un notable gasto energético que, a la larga, puede ponerles en aprietos y debilitarles incluso físicamente.
Desde el punto de vista físico, pueden manifestar trastornos óseos y musculares (artrosis cervical, dolor de espalda y de hombros, calambres), problemas oculares, coronarios y cutáneos (eczemas, dermatitis, urticarias), estreñimiento, abuso de la nicotina y propensión a enfermar, sobre todo cuando disminuye la tensión.
El niño, al igual que el adulto, vive a un ritmo más sostenido de lo normal. Habla alto, golpea los pies al andar, es un devoto de lo que le gusta, puede comer con glotonería y sufrir insomnio.
Las Flores de Bach nos enseñan a trabajar con amor, organizándonos para alcanzar nuestras aspiraciones sin imponer nuestro criterio a los demás sino, por el contrario, reconociendo de buen grado que puede haber ideas distintas a las nuestras, y que está bien que sea así.
Nos ayudan a comportarnos sin frenesí ni someter a los demás a una presión excesiva; contribuye a equilibrar nuestro ritmo, ahorrándonos un gasto energético que acaba pagándose con estrés, tensión, irritación, nerviosismo y fatiga.
Por último, las Flores de Bach nos inspiran para ser real y sinceramente heraldos de nuestras ideas, capaces de implicar a los demás no porque así lo creamos nosotros, sino en virtud de un ideal que vale la pena seguir.