Este estado está asociado a una obsesión y desemboca en una congestión mental que logra que los pensamientos se mezclen de forma desordenada. Como si la mente hubiera perdido toda su eficacia y ya no lograra seleccionar lo que debía elaborar de lo que carecía de la menor importancia.
También temores y sucesos pueden provocar el mismo fenómeno y no dejarnos en paz; en este caso, pensamos en algo que podríamos haber dicho o hecho en cierta situación, como una serenata que no quiere marcharse, atrayendo continuamente nuestra atención.
En cierto sentido, es como si habláramos sin cesar con nosotros mismos, aunque en este caso se trata de un diálogo interior que toca siempre los mismos temas, impidiéndonos tanto concentrarnos en cualquier otra cosa como tomar decisiones respecto a la cuestión que nos asalta.
En ocasiones, este tipo de tensión puede hacernos rechinar los dientes, contraer las mandíbulas y endurecernos la garganta y los ojos. Además, cuesta conciliar el sueño o nos despertamos durante la noche con ese pensamiento entre ceja y ceja.
Las Flores de Bach nos permiten volver a tomar el control de nuestros pensamientos, administrándolos de una manera correcta para interrumpir el trabajo de la mente, así como recuperar el contacto con nuestro yo superior para seleccionar los impulsos y tomar decisiones con calma y tranquilidad.
Las Flores de Bach nos enseñan a trabajar de forma constructiva para resolver nuestros problemas y a expulsar lo que en ese momento nos perturba y causa agitación.